El hombre, se sabe, es un animal de costumbres. La sorpresa de la novedad se va diluyendo en la repetición de la rutina hasta que desaparece por completo. Así pasa con todo: con el trabajo, con el amor, e incluso con el miedo. Sí, por extraño que parezca, hay personas a las que el temor dejó de pertubarlas hace rato.
Temerarios de esta clase pueden ser encontrados viviendo en las adyacencias de La Ciudadela y del Monumental. Ellos son la prueba fehaciente de que no siempre las paga el que las hace. Ya no sólo son víctimas de la impunidad exasperante de los barrabravas, mercenarios que se llaman a sí mismos hinchas, pero que poco y nada tienen que ver con el fútbol.
En enero se disputaron tres encuentros: los dos clásicos y el "santo" contra Alumni. Los resultados encendieron la luz de alarma. El más grave ocurrió el domingo: por culpa de un inadaptado, el cotejo se suspendió. Y en los dos derbies, antes y después de los encuentros, decenas de vándalos se adueñaron de la calle. No pertenecían a las barrasbravas, pero actuaron con la misma violencia a la hora de dañar, agredir y hasta robar.
"No estoy en contra del deporte, pero sí del vandalismo", opinó una vecina del barrio "santo", cuya pared frontal fue utilizada como lienzo por los hinchas de Atlético. "El fútbol no les da derecho a ensuciar de esa manera. Les pedí que no lo hicieran y me respondieron con insultos. Mi hija trató de limpiar, pero el aerosol es muy difícil de sacar", comentó la señora, quien prefirió no dar su nombre.
"Ya no vivo con temor, porque estoy acostumbrado", contó Miguel, quien tiene su casa en la calle Pellegrini, por donde ingresaron los "decanos". "A veces no pasa nada, pero uno espera que pase y se vive un clima tenso. Si uno ve que va a haber problemas, se mete adentro y cierra todo", destacó el hombre que por temor pidió que su apellido no se publicara y que ya está habituado a ver peleas, arrebatos y jóvenes drogándose, escenas que se repiten en los dos barrios donde se encuentran los estadios.
Gonzalo tiene 28 años y los vivió todos en La Ciudadela. Pero una vez tuvo que huir en su propio vecindario. "Fichaba por la ventana, esperando a que dejaran de pasar los de Atlético para poder salir hacia la cancha. En un momento vi que no pasaba nadie y salí, pero doblando la esquina me encontré con una multitud de camisetas celestes y blancas. Los 30 metros de vuelta hasta mi casa me parecieron los más largos de mi vida", relató el joven, a quien también le pintaron la fachada. "Una vez me voltearon el portón, así que esto no es nada. Ya ni sentido tiene repintar", confesó, con el gesto propio de la habitualidad.
La vendetta
La Ley del Talión quedó totalmente desvirtuada en la revancha: golpeados por la derrota, los hinchas de San Martín se vengaron con intereses destrozando puertas, ventanas y vehículos.
"A mí me empujaron la puerta tratando de entrar, pero no pudieron. Mi familia estaba aterrada, había chicos drogándose en la vereda. La pintada que me hicieron ya no sale porque la pared es de granito. Cuando les pedí que se detuvieran, una chica les dijo a los otros que me rompieran la ventana", narró Luis, para quien el operativo de seguridad fue pésimo.
"Acá al frente hay un local que pintaron hace un mes, y ahora está lleno de aerosol. Ahora rompen vidrios, esto está cada vez peor", agregó un trabajador de la zona.
"Así no dan ganas de que se hagan más clásicos", dijo la dueña de una despensa, cuyas puertas y ventanas fueros destruidas a pedradas. "¿Sabés qué es lo más gracioso? Soy hincha de San Martín. Muchos de acá lo saben, pero nunca me hicieron nada. Cuando pasó la barrabrava, hubo chicos que me preguntaban si tenía ?paco? para vender. Y a la vuelta metieron la mano por los vidrios rotos y me llevaron la cartera con el celular y los documentos", se lamentó la mujer. Y luego agregó: "los de al lado se fueron de vacaciones. ¿Te imaginás la sorpresa que se van a llevar cuando vuelvan y se encuentren con los vidrios rotos?".
Ellos son sólo unos pocos ejemplos de la cotidianidad de muchos, los que siempre terminan pagando el pato. Si es verdad que en el fútbol se refleja la sociedad, ¿qué se puede esperar de una en la que los violentos andan sueltos y las víctimas viven enrejadas?